El sur busca sombra y evaporación; la meseta, inercia y orientación; el norte, abrigo y alero; el Mediterráneo, corrientes cruzadas y patios. Cada clima escribe un vocabulario propio que la arquitectura convierte en experiencia. Cuando entendemos esas lógicas, dejamos de copiar soluciones foráneas y potenciamos respuestas locales. Así, el confort surge de estrategias pasivas: espesores, porosidad, vegetación, color y proporción, reduciendo consumo energético y fortaleciendo identidades que nacen del cielo y la tierra.
El sur busca sombra y evaporación; la meseta, inercia y orientación; el norte, abrigo y alero; el Mediterráneo, corrientes cruzadas y patios. Cada clima escribe un vocabulario propio que la arquitectura convierte en experiencia. Cuando entendemos esas lógicas, dejamos de copiar soluciones foráneas y potenciamos respuestas locales. Así, el confort surge de estrategias pasivas: espesores, porosidad, vegetación, color y proporción, reduciendo consumo energético y fortaleciendo identidades que nacen del cielo y la tierra.
El sur busca sombra y evaporación; la meseta, inercia y orientación; el norte, abrigo y alero; el Mediterráneo, corrientes cruzadas y patios. Cada clima escribe un vocabulario propio que la arquitectura convierte en experiencia. Cuando entendemos esas lógicas, dejamos de copiar soluciones foráneas y potenciamos respuestas locales. Así, el confort surge de estrategias pasivas: espesores, porosidad, vegetación, color y proporción, reduciendo consumo energético y fortaleciendo identidades que nacen del cielo y la tierra.